¿Qué son los manglares?

 

Los manglares son bosques costeros inundables que habitan en el trópico y el subtrópico (latitudes 20º N – 20º S, entre los Trópicos de Cáncer y de Capricornio). Estos bosques están siempre en la franja de la costa, muy cerca del mar, y están formados por árboles y arbustos muy especializados que son capaces de resistir inundaciones diarias asociadas a las mareas y resistir la salinidad del mar, que es tóxica para muchos otros árboles.

Los manglares necesitan, además, recibir una fuente de agua dulce junto con el agua de mar. Por ello están siempre cerca de ríos o arroyos. Al tener un pie en la tierra y otro en el mar, se les considera ecosistemas “anfibios”.

 

Por su cercanía al mar, a los manglares y a otros humedales costeros, como los pastos marinos y las marismas, se les conoce como carbono azul. Estos ecosistemas de carbono azul se caracterizan por tener un crecimiento muy rápido (más rápido que las selvas tropicales) y por acumular gran cantidad de biomasa en el suelo, ya que la materia orgánica del suelo permanece inundada y no se descompone por falta de oxígeno.

 

Se calcula que, originalmente, alrededor del 75% de las costas del trópico tenían manglares entre su vegetación. Estos bosques están formados por pocas especies, ya que la especialización para sobrevivir a la falta de oxígeno por la inundación y la alta salinidad reduce la diversidad de árboles que pueden tolerar estas condiciones.

manglares-carbono azul

Punta Galeta, Isla Galeta (Panamá). Fuente: Steven Paton, Smithsonian Tropical Research.

Especies de mangle más comunes del Caribe

 

 

Mangle Rojo (Rhizophora mangle)

Se le llama rojo por el color del tejido interno de sus raíces. Es una especie muy colonizadora, de rápido crecimiento que se establece muy bien en suelos inestables y cuyas raíces facilitan la captura de sedimentos y la formación de nuevos suelos.

 

Mangle Negro (Avicennia germinans)

Es una de las especies más tolerantes a la salinidad: en suelos hipersalinos puede modificar su estructura fisonómica, formando arbustos o matorrales; posee neumatóforos, unas raíces que crecen verticales sobre el suelo, que le permiten realizar intercambio de gases; igualmente afianza los suelos. El mangle negro tiene la capacidad de excretar el exceso de sal a través de sus hojas y por eso también se le conoce como mangle salado.

 

Mangle Blanco (Laguncularia racemosa)

Puede encontrarse distribuido entre los dos anteriores en áreas afectadas por mareas. Tolera salinidades de 0 a 45 unidades prácticas de salinidad (ups), con frecuencia de inundación menor al mangle rojo y mayor al mangle negro, además de un sustrato de suelo más estable. Al igual que el mangle negro posee neumatóforos, aunque en menor cantidad. Su hoja es de forma ovalada y posee unas glándulas secretoras que están ubicadas en el peciolo. En estas glándulas se acumula la sal.

manglares típicos Caribe

De izquierda a derecha: mangle rojo en Punta de Manabique, Guatemala (fuente: Ana Giró);  mangle negro con raíces especializadas, llamadas neumatóforos, para respirar por encima del agua (fuente: Jorge Herrera); y mangle blanco (fuente: Jorge Herrera).

Sin embargo, en Mesoamérica y el Caribe también se pueden encontrar otras dos especies de mangle, ubicadas ya en tierra firme con menos inundación marina:

 

Mangle Piñuelo (Pelliciera rhizophorae)

Es una especie que se distribuye por la costa atlántica de Honduras y la costa pacífica desde Costa Rica hasta Ecuador. También conocido como mangle zaragoza.

 

Mangle Gris (Conocarpus erectus)

Este mangle es el último que encontramos en orden desde el mar hacia la tierra. Se encuentra normalmente en áreas secas fuera de la influencia de la marea. Este mangle se desarrolla mejor donde la salinidad y los suelos son más estables. Sus hojas tienden a ser más pequeñas que los otros mangles. También conocido como mangle botón, su nombre proviene de la forma de su semilla, la cual se parece a un botón.

La función de los manglares como recurso natural es muy importante, económica y ecológicamente. Además de su rol de protección costera como infraestructura verde (protege contra las tormentas, los huracanes y las marejadas), los manglares fijan sedimentos que arrastran los arroyos y las corrientes marinas y combaten, de esta manera, la subida del nivel del mar.

 

Los manglares proveen un hábitat muy codiciado por las aves costeras, protegen a otros organismos acuáticos como algas y crustáceos y funcionan como criadero de varias especies de peces de los arrecifes próximos. Por otra parte, por ser ecosistemas de crecimiento rápido y gran acumulación de carbono en suelo, son fundamentales para mitigar el cambio climático (capturando por fotosíntesis CO2 de la atmósfera y almacenándolo en forma de carbono durante miles de años). El carbono en suelo de los manglares en Latinoamérica lleva acumulándose desde el periodo Holoceno, es decir, desde hace 12.000 años.

Rufous-necked Wood Rail on red mangroove

El riel de madera de cuello rufo (Aramides axillaris) es un ave estrechamente asociada a bosques de manglar. Fuente: Paul Taillie, University of Florida. Costa norte de Belice.

¿Qué daños sufren los manglares?

 

Por su ubicación costera y por su calidad de humedal, los manglares han sido siempre considerados como espacios yermos, disponibles para ser retirados y para edificar infraestructuras costeras como puertos deportivos, carreteras u hoteles. Por ese motivo, y por ocupar un área relativamente pequeña, sus tasas de deforestación son las mayores entre los bosques tropicales.

 

Los manglares son, por lo tanto, uno de los ecosistemas más amenazados en el trópico. En el trópico asiático, los manglares son también retirados para la instalación de camaroneras y piscifactorías comerciales, o para la plantación de palma aceitera.

 

Se calcula que el 50% de los manglares del trópico han sido ya deforestados y que, al ritmo actual, su conservación está en riesgo. Su destrucción no solo elimina su protección costera y su provisión de biodiversidad y alimento, sino que también resulta en una enorme cantidad de emisiones asociadas a la descomposición de la materia orgánica en forma de metano, dióxido de carbono y óxido nitroso.

 

Esta materia orgánica llevaba acumulada desde el Holoceno y sus emisiones de gases invernadero contribuyen enormemente al calentamiento del planeta por ser adicionales. Aun si se restauran los manglares degradados, no se puede recuperar el carbono perdido del suelo y por ello se les conoce como bombas de carbono.

 

 

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